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miércoles, 26 de mayo de 2010

¿Cuántos sentidos tenemos realmente?

¿Cuántos sentidos tenemos realmente?
“Nuestra interacción con el mundo que nos rodea es tan eficaz y requiere tan poco esfuerzo, que resulta difícil imaginar la cantidad de cálculos que subyacen tras la experiencia sensorial más sencilla.” (SENSORY EXOTICA—A WORLD BEYOND HUMAN EXPERIENCE [Sentidos exóticos: un mundo desconocido para el hombre].)

IMAGÍNESE que va en bicicleta por una tranquila carretera rural. Mientras pedalea, unos receptores sensitivos localizados en las piernas determinan la fuerza exacta que debe ejercer para mantener la velocidad, en tanto los órganos del sentido del equilibrio lo ayudan a mantener la estabilidad. Con la nariz percibe los diferentes aromas del campo, con los ojos contempla el paisaje y con los oídos capta el trino de los pájaros. Sediento, toma una botella, gracias a los receptores táctiles de los dedos. Las papilas gustativas le permiten saborear la bebida, y los termorreceptores de la boca le indican la temperatura del líquido que ingiere. Las terminaciones nerviosas que hay en la piel y, en particular, aquellas que se encuentran alrededor del nacimiento del vello, le informan de la fuerza de la brisa y, en cooperación con los ojos, de la velocidad a la que usted se desplaza. Por si fuera poco, la piel también le advierte de la temperatura y humedad que hay en el ambiente. El sentido del tiempo le dice más o menos cuánto rato lleva en la carretera y, por último, algunos sentidos internos lo obligarán a descansar y a comer. Como puede observar, la vida es, sin lugar a dudas, una magnífica sinfonía de sentidos.

¿Tenemos solo cinco sentidos?

¿Cuántos sentidos entran en juego durante un paseo en bicicleta como el descrito arriba? ¿Solo los cinco tradicionales, a saber, la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto? Según la Encyclopædia Britannica, estos cinco sentidos fueron enumerados por Aristóteles, filósofo de la antigüedad cuya “influencia ha perdurado tanto, que muchas personas todavía hablan de [ellos] como si fueran los únicos”.

Sin embargo, según la Britannica, tan solo los estudios realizados sobre la sensibilidad de la piel ya “demuestran que el ser humano tiene más de cinco sentidos”. ¿Cómo es posible? Ciertos procesos que antes se agrupaban dentro del sentido del tacto ahora se consideran sentidos independientes. Por ejemplo, los receptores del dolor responden a estímulos dolorosos de índole mecánica, térmica y química, y son capaces de distinguir entre ellos, mientras que otras terminaciones nerviosas detectan la sensación de picor. Por otro lado, se ha demostrado que tenemos al menos dos tipos de receptores sensibles a la presión que se ejerce sobre la piel: uno para la presión leve, o superficial, y otro para la presión profunda. Además, poseemos una gran variedad de sentidos internos. ¿Qué función desempeñan estos?

Los sentidos internos

Los receptores internos detectan los estímulos que se generan dentro del cuerpo. Perciben sensaciones como el hambre, la sed, el cansancio, el dolor interno y la necesidad de respirar o de ir al baño. En colaboración con nuestro reloj biológico, estos receptores transmiten la sensación de fatiga al final del día o el síndrome de desfase horario. De hecho, en vista de que podemos “sentir” de modo consciente el paso del tiempo, algunos científicos sostienen que dicha capacidad ha de considerarse un sentido aparte.

También contamos con el sentido del equilibrio, localizado en el oído interno, que responde a la gravedad, la aceleración y la rotación. Y por último, poseemos el sentido cinestésico, que nos permite percibir la tensión muscular así como el movimiento y la posición de los miembros del cuerpo, aunque tengamos los ojos cerrados.


El maravilloso sentido del tacto

Nuestras manos cuentan con un sentido del tacto muy desarrollado. Según la revista Smithsonian, algunos investigadores han hallado que podemos percibir con ellas un punto de tan solo tres micras de altura (un pelo humano tiene un diámetro de entre 50 y 100 micras). Ahora bien, “cuando se trata de texturas y no puntos, se ha descubierto que somos capaces de detectar asperezas de solo 75 nanómetros de altura” (un nanómetro es la milésima parte de una micra). Esta sorprendente sensibilidad se debe a que poseemos alrededor de dos mil receptores táctiles en la yema de cada dedo.

  El sentido del tacto es además fundamental para nuestra salud y bienestar. “Las caricias de otra persona provocan la liberación de hormonas que alivian el dolor y ayudan a pensar con claridad”, dice la revista U.S.News & World Report. Algunos científicos sostienen que si se priva a un niño del contacto afectivo, no se desarrollará como es debido.

g03 8/3 págs. 3-4

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